Nunca tendrán la comodidad de nuestro silencio otra vez

Hace un par de años iba por primera vez a una marcha de #niunamenos. Gritábamos el nombre de Chiara. Mi corazón entonces no comprendía cómo alguien podía ser tan cruel para asesinar a su novia embarazada y enterrarla en el patio. No terminaba de comprender todavía que, en realidad, la violencia de género siempre estuvo presente en mi vida, como un fantasma. Usando otros nombres, otras ciudades y métodos igual o peor de espantosos. Años antes estaba cenando en la seguridad de mi casa, mirando en el noticiero los pormenores del asesinato de Candela: esa nena de hermosa sonrisa que tenía casi mi edad.

Pero ahora estaba en la plaza, con una pancarta escrita a mano y comprendiendo nociones básicas de feminismo. Pensando, de cierta manera, que la violencia era un fenómeno aislado. Hoy tenemos estadísticas que nos advierten que una mujer es asesinada cada 30 horas. Es decir, que una de nosotras va a faltar dentro de 30 horas. Creo que todas nos preguntamos quién será y si la conoceremos. No puedo decir que las cosas hayan mejorado, pero hoy veo una marea de color verde que es imparable. Una marea que es constantemente criticada e insultada por gente que ignora (o quiere ignorar) que si no defendemos nuestros derechos, nadie lo hará. Este sistema capitalista y patriarcal ampara a los autores de femicidios y travesticidios, de proxenetas y de violadores.

Por este motivo, siempre escribo que ninguna revolución se hizo regalando flores. Que arda todo si tiene que hacerlo. Algún día dejaremos de llorar por las que faltan y faltarán. No sé cuándo sucederá, pero algo es seguro: nunca tendrán la comodidad de nuestro silencio otra vez.

Deja un comentario