Poeta
Levantó la vista por última vez. Contempló por unos segundos a su musa. Su musa maniatada, con una cinta en la boca y con un ojo menos. Escribió la última oración del poema y firmó la hoja. Asintió satisfecho.
Quieto
Entró al depósito a oscuras y se topó con un maniquí. No recordaba haberlo dejado en ese lugar. Lo rodeó, con cuidado de no tirar ninguna caja y encendió la luz para buscar el par de zapatos marca N. en color rojo y en talle número 38. Se agachó frente a un montón de cajas y empezó a rebuscar. El supuesto maniquí se acercó con sigilo.
Riel
Miró hacia la izquierda y descubrió con horror que el tren se estaba acercando rápidamente hacia su cabeza y a su cuerpo atado al riel.
Sacacorchos
«Poco hombre», «maricón», «pobre», «bueno para nada», «no sé qué vio mi hija en vos» y «hasta mi nieto de tres años podría descorchar ese vino» fueron las últimas palabras que dijo su suegro antes de que le clavara el sacacorchos en la yugular.
Tajo
Le hizo un tajo a su madre porque quería saber de qué estaban hechos los humanos.
Uña
«Me quiere», «no me quiere», «me quiere…». No, «no me quiere». Tiró el tallo de la flor al suelo. Se acercó a su mesita de tortura y agarró el alicate.
—No me querés. —Dijo cabizbaja mientras acercaba la herramienta a sus uñas.
Vacío
Le sonrió por última vez a su mejor amiga antes de arrojarla por el precipicio.
Whiskey
Chequeó el contenido de la bandeja una última vez antes de llevársela a su esposo. Un vaso de whiskey con unas cuantas gotas de clonazepam para dejarlo inconsciente el tiempo necesario para asesinarlo, el diario de ese día y los lentes de marco de oro. Ahogó una risita y subió las escaleras.
Xilema
Cortó con el bisturí teniendo mucho cuidado, como si se tratara del xilema de una plata. Pero esto no era un xilema y no vio salvia al hacer la incisión. La vena empezó a sangrar rápidamente y a diferencia de las plantas, esta persona maniatada sí estaba sintiendo el dolor.
Yacía
El cuerpo de su padre yacía en la alfombra con un balazo entre los ojos. Su mamá se reía, sentada en un sillón y con un vaso de whiskey en mano.
Zapato
Se preguntó por qué su compañera tardaba tanto en buscar un simple par de zapatos. Bajó por las escaleras y fue directamente a prender la luz del depósito. Su nombre se quedó atascado en la garganta al verla muerta en el piso y con un zapato rojo incrustado en el ojo.
¡Feliz Halloween!
