En el hemisferio sur no tenemos disfraces, calabazas malvadas, dulce o travesura y todas esas cosas que caracterizan al mes de octubre. Pero seguimos teniendo muchos microrrelatos de terror para celebrar Halloween.
Sentate bajo el sol de primavera y dejate asustar.

Ahogar
Guardó la esponja en forma de estrella en el canasto junto al jabón de glicerina y el shampoo con aroma a «dulces sueños». Movió las toallas celestes del inodoro y se sentó sobre la tapa. Rebuscó en el bolsillo trasero de su pantalón. Sacó un cigarrillo y lo encendió. Fumó mientras escuchaba los pasos acercándose al baño. Ignoró los golpes contra la puerta y los gritos en crescendo. Cuando la llave de repuesto fue encontrada, su madre finalmente entró para desmayarse al ver el pequeño cuerpo que flotaba en la bañera.
Broncear
La idea de ir a un centro de estética y meterse en una cama solar no le atraía mucho. Pero su mejor amiga insistió hasta que aceptó. «Día de chicas en el spa», exclamó mientras reservaba un turno. Y allí se encontraba. Estaba estática frente a la puerta que rezaba «sala de bronceado». Había un sticker en forma de sol que se estaba despegando. Lo pegó y tomó coraje para entrar. Adentro la estaba esperando su amiga. Le indicó sonriente todos los pasos a seguir. Se metió en la cama en bikini por pudor a desnudarse completamente. Cerró los ojos y se concentró en el murmullo de la máquina, sin sospechar que quien decía ser su mejor amiga estaba trabando su cama y subiendo la temperatura.
Casualidad
Cruzando la salida del spa, se chocó con la mamá de su mejor amiga. Esa mejor amiga que se estaba quemando lentamente en la cama solar. Se abrazaron mientras pensaba una excusa para sacarla de ahí. Le preguntó qué se iba a hacer. «Una limpieza facial completa», le respondió. «Espero que hayas traído dinero, porque se les acaba de romper el postnet». La cara de la mujer se transformó. Bingo, pensó. «No, no traje ni un billete». Miró hacia la calle. «Encima Antonio ya se fue». Le mostró sus llaves. «Justo estaba por ir al cajero automático. Te llevo». Le agradeció repetidas veces, le dijo que era un amor y se rieron de cómo iba a quedar su hija luego de la sesión de bronceado.
Desayuno
Estaba en la planta baja, pero de todas maneras se podía apreciar las quejas de la hija menor de la casa. Estaba gritándole a su madre que esa mucama de mierda le había robado su camisa blanca de la suerte. El cocinero la miró y se llevó un dedo a la cabeza. Se rieron del gesto. El hombre se fue de la habitación y sacó un frasquito de su delantal. Puso unas gotitas en el té y sonrió. Su sonrisa fue reflejada en la bandeja de plata. Con mucha gracia, la mucama de mierda llevó el desayuno a su «jefa» que ignoraba que ella podía entender el inglés a la perfección.
Espuma
La espuma en el boliche disimulaba los besos de los aburridos infieles, los pasos de bailes vergonzosos, los llantos por los exes y el cadáver que estaba sentado en un sillón, con un vaso de vodka en mano y una mueca de horror en la boca.
