Ahogada

Disfruté de un lindo verano hasta que me asesinaron. Durante el día me bronceaba al lado de una piscina, tomando licuados para mantener la línea y purgar mi estómago. A la noche salía con amigos, que quizás no eran la mejor compañía, pero para pasar el rato servían. Pensándolo ahora con detenimiento, alguno de esos inútiles me pudo haber asesinado. También pudo haber sido mi padrastro, quien no estaba precisamente emocionado con mi existencia. En vano sería descubrirlo, los muertos no atestiguan en juicios.
La noche fatal, para decirle de alguna manera, cargaba una borrachera digna de haberme tomado hasta el agua de los floreros. Fui zizagueando hasta la entrada de mi casa. Se me cayeron las llaves y casi me partí la cabeza contra el cemento intentando agarrarlas. Cuando entré, me saqué los zapatos y dejé mi bolso sobre la mesada de la cocina. Me quedé mirando por los ventanales que daban al patio trasero. En mi brillante estado decidí que nadar a esa hora era una buena idea. Salí. Estaba bastante oscuro porque el Sol todavía no había asomado. No podía ver en detalle, por ejemplo, a la persona que me estaba espiando en las sombras. Caminé hasta la parte más profunda de la piscina y sin meditarlo mucho, me saqué el vestido que estaba usando y me lancé al agua. Nadé de un extremo al otro, tomándome todo el tiempo del mundo para hacerlo y disfrutando de cada brazada y patada que daba. En la tercera vuelta que di, noté que el cobertor se estaba activando. Me estaban encerrando. Mis sentidos todavía estaban abrumados. Nadé hasta el otro extremo y cuando intenté escalar torpemente el borde, una sombra me empujó. Escuché un splash que, por unos segundos, ensordeció mis oídos. Estaba otra vez en el agua. Intenté nadar a la superficie y levanté mi brazo derecho. Pero ya era tarde. El cobertor lo chocó y lo arrastró hasta el final de la piscina. Lloré cuando las capas de la piel se fueron desgarrando y grité cuando el hueso se quebró. Por supuesto que nadie me escuchó, seguía sumergida. Mi asesino se acercó y me saludó con una mano a través del cristal.

Era una figura asexuada con una capucha negra sobre la cabeza. No solamente era cobarde para asesinar —ya que su víctima estaba borracha—, tampoco tenía el valor para develar su rostro al final de su crimen. Yo sabía que moverme me quitaba energía y oxígeno, pero la desesperación era más fuerte. Mi cuerpo se sacudía como si estuviese poseído, mis pulmones se llenaban de agua con cloro y mi rostro estaba contraído en una mueca horrible que representaba lo que era llorar bajo el agua. Lo último que vi antes de morir, fue un hilo de sangre de mi brazo, sumergiéndose lentamente.

Lucía Cherri (2019)

Litterae

Esta no es una tragedia, tampoco una carta de amor. Aunque no sé por qué lo explico si tengo la certeza de que nadie va a leer esto. Podría ser una confesión, pero no puedo considerarlo de esa manera porque la verdad es que no asesiné a nadie. Fue un accidente, como todos los medios de comunicación repitieron hasta el hartazgo. Sin embargo, hay una parte de mí que siente culpa por haberle deseado la muerte. Pienso en retrospectiva, intentando recordar nuestros buenos tiempos, cuando todavía estábamos casados. Pero en mi mente tiene más peso todo el sufrimiento que me provocó. Subestimaba mi capacidad en la medicina por ser mujer, cuestionó mi sanidad mental cuando enfermó mi hermana y hasta me cambió por un «modelo más joven». Esto último era lo que menos me importaba. Sí me preocupaba que él fuese un obstáculo en mi carrera. Me di cuenta de que había tocado fondo cuando terminé llorando frente a un desconocido. Le confesé que no iba a poder aceptar su propuesta de trabajo, él no lo permitiría. Hasta bromeé diciendo que la única manera de que me dejara en paz sería si fuese atropellado por un autobús. Me disculpé, muy avergonzada y me fui de la entrevista.

Después estaba viendo el cuerpo de mi ex-esposo tendido en la calle. Me parecía irreal ver la camisa blanca tiñéndose de rojo cuando segundos antes estábamos hablando. Casi discutiendo, podría decir. Pensé que su sangre corriendo en el asfalto tenía un significado casi poético para mí. Sentí alivio, pero inmediatamente fue reemplazado por culpa. Me estremecí mientras escuchaba a lo lejos las sirenas de las ambulancias que llegaban. Me crucé de brazos y cerré los ojos para ignorar los gritos de terror de las personas que se acercaban y veían extremidades expuestas.

Hoy me desperté con un sueño donde veía otra vez su cuello torcido en un ángulo raro. Luego, cuando me cepillaba el pelo frente al espejo, vi un brillo especial en mis ojos. Sabía qué era lo que lo motivaba: la libertad de mis acciones. Veía un nuevo comienzo asomándose en el horizonte. Cuando terminé de ordenar mi equipaje para el nuevo trabajo, lo aseguré.

Lucía Cherri (2019)

Este relato fue leído en la primera edición de Encuentro de Auras (@encuentrodeauras). Como dato adicional, el texto es una especie de re-telling de la historia de un personaje ficticio de la serie «Lost»: Juliet Burke.

¿Quién soy?

Soy Lucía, pero sin cerezas. Cherri no es el apellido que figura en mi documento, sino que forma parte del pseudónimo que elijo para abarcar mi costado creativo.

Tengo veintiún años y escribo desde que tenía doce, aproximadamente. Mi estilo narrativo fue variando con el tiempo. También los géneros con los que fui introduciéndome en el hermoso arte de la literatura. Pero la verdad es que siempre me incliné más hacia el terror. Además escribo textos que no son ficción y están motivados por causas sociales. Considero que somos sujetos políticos y que no podemos ignorar nuestro contexto económico, cultural y social.

Un detalle muy importante es que leo desde muy pequeña. Recuerdo irme a dormir siempre con un libro en las manos. Todavía sigo con ese hábito. Mis escritores favoritos son Stephen King, Edgar Allan Poe y Agatha Christie. Pero intento nutrirme de todos los géneros posibles. Considero que tengo una mentalidad abierta para la literatura.

Aparte de la escritura y la lectura, disfruto de otros tipos de manifestaciones de arte, que me inspiran en el día a día. Veo muchas películas, también series. Soy muy fanática del género slasher, dentro del terror. Por otro lado, me encanta crear playlists en Spotify, me niego a abandonar la compra de CDs y mis fines de semana no están completos si no fui a un bar para ver tocar alguna banda. De arte y fotografía comprendo menos, pero me gustaría aprender más. Nunca dejé de ser una niña curiosa que quiere saberlo todo.

Otros intereses random son la astrología, la mitología egipcia, la cocina vegana, maquillaje, brujería blanca y cristales. En mis escritos siempre hay guiños a lo que me gusta. El tema es encontrarlos.